Economía

Chile frente a la encrucijada: crecer sin destruir el futuro

El PIB apenas crecería hasta 0,75% en 2026 y el desempleo llegó a 9,5%, mientras expertos alertan que el modelo productivo chileno necesita un giro urgente.

Redacción La Tamaldia|Economía|

Las cifras no son alentadoras. El Banco Central redujo su proyección de crecimiento del Producto Interno Bruto para 2026 a un rango de apenas 0,25% y 0,75%, una señal de que la economía chilena pierde ritmo justo cuando más necesita impulso. A eso se suma una inflación que cerraría el año ligeramente por encima del 4% y un desempleo que en el trimestre mayo-julio de 2026 escaló al 9,5%, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas. Es el nivel más alto registrado en cinco años.

Para las familias chilenas, estas cifras se traducen en algo concreto: mayor dificultad para encontrar trabajo, precios que no terminan de estabilizarse y una sensación de incertidumbre que se cuela en las decisiones cotidianas, desde pagar el arriendo hasta planificar el futuro de los hijos. El freno del crecimiento afecta especialmente sectores clave como minería, energía e infraestructura, que concentran buena parte de la inversión productiva del país.

Pero detrás de los números surge una pregunta que va más allá de los indicadores económicos: ¿puede Chile seguir creciendo sin agotar los recursos naturales y las condiciones sociales que hacen posible ese mismo crecimiento? La interrogante es urgente para un país cuya economía depende en gran medida de la explotación de sus recursos naturales, especialmente en un contexto de cambio climático que amenaza dos pilares fundamentales: el agua y la energía.

Expertos e instituciones académicas, como la Universidad Santo Tomás, advierten que la sostenibilidad ya no puede tratarse como un lujo o un tema secundario. Hoy representa una condición básica para el desarrollo, con tres dimensiones inseparables:

  • Económica: garantizar inversiones que generen empleo de calidad a largo plazo.
  • Social: asegurar que el crecimiento reduzca desigualdades y no las profundice.
  • Ambiental: proteger los ecosistemas que sostienen la producción agrícola, el acceso al agua potable y la generación energética.

A esto se suma la necesidad de contar con infraestructura resiliente capaz de resistir desastres naturales cada vez más frecuentes e intensos, como los incendios forestales, sequías prolongadas o aluviones que en los últimos años han golpeado duramente a comunidades a lo largo del país.

El desafío para Chile, entonces, no es elegir entre crecer o cuidar el medio ambiente. El verdadero reto es construir un modelo que haga las dos cosas a la vez, respaldado por políticas públicas sólidas y marcos regulatorios modernos que orienten tanto al Estado como al sector privado hacia un desarrollo que no hipoteque el bienestar de las generaciones que vienen.

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