Más del 80% de las muertes por suicidio en Chile son hombres: la paradoja que la ciencia busca explicar
Cada 10 de septiembre se recuerda que el suicidio se puede prevenir. En Chile, los hombres concentran la gran mayoría de las muertes.
Cada 10 de septiembre el mundo detiene su mirada en una realidad que muchas veces se habla en voz baja: el suicidio. El Día Mundial para la Prevención del Suicidio existe precisamente para romper ese silencio, reducir el estigma y recordar un mensaje clave: estas muertes se pueden evitar. Y las cifras hacen urgente ese llamado.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 720 mil personas mueren cada año por esta causa en el planeta, convirtiéndose en la tercera razón de fallecimiento entre jóvenes de 15 a 29 años. En Chile, la magnitud del problema no es menor: una de cada diez personas mayores de 18 años ha pensado seriamente en quitarse la vida en algún momento.
Pero hay una paradoja que llama poderosamente la atención. Aunque las mujeres reportan más episodios de depresión e ideación suicida, son los hombres quienes mueren en mayor proporción. Entre 2010 y 2019, fallecieron 15.290 hombres y 2.398 mujeres por esta causa en el país, una relación de casi cuatro hombres por cada mujer. Más del 80% de las muertes tienen rostro masculino.
¿Por qué ocurre esto? Esa es precisamente la pregunta que busca responder el doctor Francisco Aguayo, académico e investigador del Centro CIELO de la Universidad Santo Tomás. Su estudio, financiado por ANID a través de un proyecto Fondecyt de Postdoctorado, analiza cómo los hombres chilenos viven, construyen y relatan sus propias crisis de salud mental. La investigación comenzó en 2025 y se extenderá hasta 2028.
Una de las hipótesis centrales apunta a la llamada masculinidad hegemónica: un conjunto de mandatos culturales que empuja a los hombres a mostrarse fuertes, autosuficientes y a no pedir ayuda. Ese molde social podría explicar por qué muchos hombres llegan a una crisis sin haber hablado con nadie, sin haber buscado atención médica y sin haber recibido el apoyo necesario a tiempo.
En la vida cotidiana, esto se traduce en situaciones concretas y cercanas:
- Hombres que evitan hablar de sus emociones con amigos o familiares por temor a ser vistos como débiles.
- Consultas médicas postergadas incluso cuando los síntomas de depresión son evidentes.
- Entornos laborales y familiares que normalizan el sufrimiento silencioso masculino.
Los expertos insisten en que identificar señales de alerta en personas cercanas —cambios de ánimo, aislamiento, frases que insinúan desesperanza— y animarlas a buscar ayuda puede marcar una diferencia real. En Chile, el Fono Salud Responde (600 360 7777) y el servicio de salud mental del sistema público son puntos de acceso disponibles para quien los necesite.
El suicidio no es inevitable. Y entender por qué ciertos grupos son más vulnerables es el primer paso para construir una respuesta social más efectiva.